Safe: las delicias del bajo mundo

SAFE

“En el bajo mundo de Nueva York hay gángsters, asesinos y policías corruptos, pero hoy la persona más buscada de la ciudad es una niña de 12 años”, así inicia el tráiler de esta película de acción que de lejos parece otra producción pensada para vender crispetas. Ah, pero sólo hay que acercarse a esta historia para descubrir una joyita pulida con las enseñanzas de los clásicos. Por su puesto hablo de clásicos como Robocop, Rambo, Duro de Matar, Rescate en el barrio chino o Escape de Nueva York.

La historia no te deja un respiro. Hay que abordarla con un trozo de madera entre los dientes porque el vértigo puede cercenarte la lengua. No exagero. Las secuencias están encadenadas sin tiempos muertos y siempre cargadas con algún detalle que alimenta la historia.

Los primeros cinco minutos son una clase magistral del manejo de la elipsis, un curso rápido que te enseña a encadenar la historia de dos personajes opuestos que están al otro lado del mundo y cuyos destinos se cruzan tras un año de dificultades. Un año bien contado en cinco minutos es suficiente para engancharte en una trama que cuenta con personajes arquetípicos del cine de acción: el héroe caído, la víctima en peligro, las mafias étnicas sin corazón, los policías corruptos, una ciudad infernal.

Yo llegué a esta película porque el trabajo de Jason Statham me gusta. Creo que es un digno reemplazo de Bruce Willis. Statham además nos brinda la tranquilidad de mandar a las películas de Vin Diesel y Dwayne Johnson al carajo. Bendito sea por eso. Bendito sea además porque su historia es un cliché de los que ya no existen: era un rufián de las calles de Londres y Guy Ritchie lo reclutó para una de sus películas cuando lo vio vendiendo relojes robados en la calle.

De Safe esperaba simplemente entretenimiento simple y puro. Me dio eso y otras cosas. Revivió mi esperanza en el cine comercial. Yo respeto a los que le tienen un altar a Bergman, Tarkovski, Fassbinder, Fellini y otros genios. Pero también hay que hacer espacio en ese altar a esas películas que convierten al cine en una deliciosa vía para evadirse del mundo, no para interpretarlo. Esta película cumple con esa premisa.

Esta persecución que la escoria de una ciudad emprende para atrapar a una niña  de 12 años es un truco mágico que transforma el tiempo: pasa muy rápido pero se sufre tanto que también parece una eternidad. Una película que logre ese efecto ambivalente tiene un lugar asegurado en el cielo del cine.

Por supuesto, Safe tiene fallas. Tiene un tropiezo muy grande y lamentable. Pero de él no voy a hablar. Si ustedes lo encuentran créanme que yo también lo lamento y si no lo descubren no se sientan mal, quédense con la satisfacción de haber entregado 94 minutos de su vida a este carnaval de sangre y plomo.

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